Como os venimos contando desde hace unos días, el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de Junio) está a la vuelta de la esquina. En Sheedo nos sentimos especialmente identificados con esta causa y por eso queremos colaborar hablando de alimentación consciente, su efecto en el medio ambiente y dando pequeños tips que podéis aplicar en casa.

En esta primera entrada del blog queremos centrarnos en el aspecto gastronómico y la industria de la alimentación. Desde hace tiempo las campañas de concienciación por el medio ambiente se han centrado sobre todo en el aspecto del “packaging“ a la hora de elegir los productos del carrito de la compra. Obviamente cuantos más envoltorios lleven los productos que compramos, más contaminantes serán. Además ya sabemos que hay embalajes especialmente nocivos para el medio ambiente, como el poliestireno (las típicas bandejas blancas en la que vienen los productos de carne).

Pero, ¿qué es lo realmente contaminante?

Pero algo de lo que no se habla tanto es cuánto se contamina a la hora de producir esos productos. Aunque actualmente el movimiento vegano y vegetariano ha cobrado mucha fuerza, la gente relaciona estos movimientos principalmente con la defensa de los derechos de los animales. No obstante, el segundo argumento con más fuerza dentro de estos movimientos, del que no se habla tanto, es el efecto contaminante que tiene la producción de alimentos de origen animal (tanto carnes como sus derivados).

En verdad la cría de animales para la producción de alimentos supone un enorme gasto de recursos, desde el terreno empleado, hasta la comida, la energía y el agua, además de todos los residuos que se generan durante el proceso.

Y es que aunque nos suene increíble, lo cierto es que un 18% de los gases invernadero que se emiten a la atmósfera provienen de la ganadería industrial, frente al 13% proveniente de los medios de transporte, mientras que los gases emitidos por el ganado ascienden hasta un 51% del total.

También el agua…

Pero incluso más allá de la contaminación, también es muy importante destacar el uso de agua implicado en el proceso. En primer lugar, está todo el agua usada previamente en los cultivos que se utilizan para alimentar al ganado, al que hay que sumar el agua de consumo animal más el agua para la producción del producto final. Para que os hagáis una idea una vaca puede beber hasta 180 litros de agua al dia, hacen falta unos 1.000 litros de agua para producir un litro de leche y hasta 15.000 litros  para producir un kilo de carne (según datos de la FAO). Ahora suma y multiplica. Las cifras son de vértigo.

¡No te asustes! Siempre hay alternativas

No estamos diciendo que tengamos que volvernos todos veganos de la noche a la mañana, pero si que seamos más conscientes y responsables con lo que consumimos. Por ejemplo, desde algunas organizaciones como PETA proponen iniciativas como el Meatless Monday (los lunes sin carne), con el objetivo de concienciar del impacto que pueden tener pequeñas acciones y dirigidas a personas que sin estar preparadas para dar el paso de dejar por completo los productos de origen animal, quieren colaborar y ser parte del cambio.

A la hora de la verdad, es tan sencillo como comprar los productos más naturales posibles, ser más responsable con los productos que compramos y reducir, en la medida de lo posible, el consumo de productos animales.

Además, es la excusa perfecta para experimentar con sabores, descubrir restaurantes y probar cosas nuevas en general.Tenemos la suerte de que cada día hay más opciones veganas y vegetarianas por lo que puede ser una gran oportunidad para introducirse en estas alternativas.

Así que ¿a qué esperas para plantar la semilla del cambio?